Por Edgar BARTOLO RAMOS

Hechos tan lamentables como los sucedidos en el Congreso  el pasado 10 de diciembre, no han sido hechos aislados en la negociación de conflictos en México. Muchos tienen algo en común: el uso de la violencia.

De manera personal, como un comentario, podría decir que existen móviles políticos ya que con esto se puede empañar a una institución y a más de un funcionario (corresponde al lector inferir a quienes me refiero).

Además, la seguridad de la Cámara de Diputados en San Lázaro se volvió una papa caliente: va pasando de mano en mano sin que nadie la tome.

Esto solo verifica el estado de ingobernabilidad que vivimos en nuestro país. No existe autoridad alguna que se haga responsable por miedo a las implicaciones políticas que podrían tener, ya que podrían desprestigiarse los funcionarios y los partidos que los han llevado al poder.

Los hechos violentos se dan precisamente cuando los diputados federales discutían el paquete económico para el 2003. Por supuesto que no es coincidencia. De hecho en la política nada es coincidencia.

Otra cosa lamentable es que se identifique a los maestros del SNTE que irrumpieron en el congreso y creo que muchos hemos vividos sus procedimientos que pueden ser violentos. Y los maestros no son los únicos que incurren en estos procedimientos.

Y es aquí donde está el problema: algunos funcionarios, grupos y organizaciones para evitar que se sigan con estos actos violentos, ceden un poco… Con esto se toma una medida y se aprende que para lograr algo hay que quemar camiones, edificios, monumentos… Hay que romper ventanas, destruir autos, cámaras fotográficas o de video… Hay que privar de la libertad a diferentes personas, involucradas o no en la problemática y si se puede, golpearlos…

Un ejemplo sencillísimo fuera de lo político: cuando una cinta de un cassette se tensa o la televisión o la radio empiezan a fallar, un par de palmaditas bastan para que se compongan… Es una forma errónea e inmadura de solución, ya que no por un par de palmaditas se soluciona un problema; quizás la conexión de la antena de la tele está en falso y el movimiento lo ajusta momentáneamente.

En Oaxaca hemos vivido constantemente este tipo de “soluciones” a las que se llegan tras una “negociación”.

Así que por eso digo que en la solución está el problema…

 

EL DEFENSOR. La voz de Oaxaca. Año II. No 50. 2ª quincena de enero del 2002. p. 16

 

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